Vanamente se cayó la libertad, y cayeron como hojas al viento todas las ganas de gritar, pero pase lo que pase no me callarán porque yo anhelo tus labios tanto como la excarcelación del ser, que muere lentamente en un adagio como Clementi y Mozart improvisando en si bemol, rezando por si evocas atisbos de clausura, para que oigas mis cantos gregorianos en tu ayuda.
El sabor agridulce de haber llegado al futuro y darse cuenta de que el infierno está vacío, y entreoscuro, ahora todos los demonios están en modo frigio, y descienden escaleras porque aquí todo es demasiado frío. En alguno de los nueve infiernos se estará mejor, dicen, y vuelven a casa como extranjeros infelices.
No se como apreciar todo lo que he tenido si la insoportable levedad del ser no me deja ser oído, extraño oír latir versos de tus labios tanto como con estos me dabas placer antaño.
Cristalizas la extinción, y se para la tensión, ya un paso del amor, vuelve el mundo a su dolor, y allí yace su desgracia, rota, inquebrantable, dañina si se calla.
Por que no haces algo si tan cansado estas, tus prejuicios florecen y se atascarán con la realidad. Déjame tararear esa serenata nocturna que me hace esperanzar, despejarme la cara del caos, y vuelve a avistar el sic transit gloria mundi en el reflejo del caviar.
La llamada del vacío siempre esta presente, se vuelve inerte y de que sirve si ya se cual es el sentido de la vida, 42 lunares conté en tu barriga.
Niña, te volviste el cisne negro, pero tranquila que aquí esta el aquelarre de tus peores sueños. Solo se intentan arreglar, pero que fallos tan graves tendrán te preguntarás.
¿Porque molestarme en escribir una gran sinfonía? Si dios ha muerto y no volverá a la vida. En esta realidad no se llega al clímax, todo es una ilusión, raciocinio americano, más perdido que 4 8 15 16 23 42.